miércoles, 31 de diciembre de 2008

El arca de la función



Aunque tenga saturado el cerebro de lecciones arquitectónicas sobre la función y la forma de un edificio, contrarias a lo que en general se suele hacer hoy en día, seguiré pensando que el Museo Guggenheim de Bilbao es muy funcional. ¿Por qué? Porque el museo no fue concebido como un museo, fue pensado como un "muñeco". Y no había otro mejor titiritero en el panorama arquitectónico mundial que Frank Ghery. La misión era revitalizar la zona. Pues ahí está, el icono de la ciudad, una fábrica de hacer fotografías y postales. Y aunque el edificio por dentro me deje mucho que desear, bien es cierto que me encantó la exposición permanente de Richard Serra. Sublimes, imponentes y sensuales gestos en acero, que permiten al visitante una interacción plena con un objeto aparentemente inerte. Es una intervención museística que ha potenciado el turismo en la ciudad de una forma importante, y como operación propagandística la aplaudo, porque ha sido efectiva, aunque un poco bastante cara.

Cosa que también ocurre en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, obra del mejor productor de "muñecos" en serie español, Santiago Calatrava. Él no escatima en medios, porque el dinero es público. Y sus edificios de Valencia, son perfectos para las postales. Comprendo que se quiera impulsar el turismo de la ciudad, pero es que las cifras claman al cielo. Por ejemplo, el presupuesto del edificio de la Ópera era de 84 millones de euros, dinero público, pero al finalizar la obra, el precio final ha sido de 367 mill, y repito, dinero público, además de, entre otros gastos, el medio millón de euros en la remodelación de las butacas, por la falta de visibilidad del proyecto original. Eso no es arquitectura. Es publicidad. Y que no nos lo vendan como un icono de la arquitectura porque no lo es. Un espectador que acude a ver una obra escénica, debe ver perfectamente el escenario, y si no lo ve, es que el proyecto es malo. Ya sea Calatrava el que lo hizo o el mismísimo Le Corbusier. Porque no se pueden perder en la imagen hipócrita de que son edificios técnicamente magníficos, cuando el consumo energético para calefactar el edificio del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe supera con creces lo diseñado. ¿Pero qué esperan con un edificio cubierto de cristal?

Como imagen, pasa, pero no se puede jugar así con el dinero público. Hay soluciones arquitectónicas mucho más baratas y mucho más interesantes, que podían haber resuelto el problema de otra forma más sensata. Soluciones hay miles.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece una reflexión muy interesante. Está claro que la estrategia en el caso de Valencia es potenciar el turismo y el comercio en la ciudad. No creo que sea malo de por sí, pero no a costa de cualquier precio y de vendernos las excelencias de un monstruo arquitectónico que, como ya ha quedado claro, ni siquiera cumple correctamente la función para la que supuestamente se ha creado. Me pregunto dónde debería invertirse de manera priorita el dinero de los contribuyentes.

picadillo de gallo dijo...

Claro, si comprendo perfectamente la estrategia, y es eficaz. Se hizo para vender una imagen de Valencia, y está conseguido. A mi, como espectador, me encanta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Es colosal. Pero voy a poner como ejemplo, y creo que se entiende muy bien, lo que es un edificio con carga visual atractiva (siempre subjetivo claro), y que es mucho más fácil de construir, y que cuesta menos dinero a los contribuyentes cumpliendo la misma función, como es el de la Copa América, de David Chipperfield y B720 arquitectos. Creo que la imagen es clara. Un saludo

Jesús Vicioso dijo...

En parte. Cuestionadas, igualmente, fueron (son y serán) las grandes 'soluciones arquitectónicas'. Como fue Eiffel y su torre para la Expo francesa. También se excedió de presupuesto, pero 'sólo' 1,5 millones de francos. ¡En 1889! Y ahí está, el icono pretendido, parisino y valenciano.

Sobre la última frase del comentario anónimo. Sobre dónde debería de invertirse de manera prioritaria el dinero de los contribuyentes. Está claro. En los miles de coches oficiales que tenemos, en las publicidades institucionales, en los 20,33 millones de la decoración de Barceló para una cúpula y en pagar las (caras) danzas de Mira quien baila. Quia.

Alfonso dijo...

Bueno, para empezar hay que decir que me gusta este debate. Y como todo, hay que analizarlo sin fórmulas simplistas, sino desde la complejidad.
En primer lugar tengo que decir que no entiendo de arquitectura desde un punto de vista técnico y, por tanto, si como decís el montaje de la Ciudad de las Artes y las Ciencias no funciona bien y eso lo afirmáis gente que sabéis pues punto en boca.
Pero pienso que la arquitectura es una mezcla de funcionalismo y arte, así fue concebida desde el principio de la Humanidad, y entonces no tenemos más remedio que considerar sus valores creativos y de crecimiento emocional que supone toda obra artística. Desde ese punto de vista yo tengo que confesarme y decir que me gustan tanto la Ciudad de las Artes y las Ciencias como el Guggenheim. Y mucho.
Otra dimensión y muy importante es el costo de tales catedrales y quién las paga. Porque ¿quién paga la Copa de América? Me refiero a la competición. Al final la sufragamos entre todos y eso sí que es algo inútil. ¿Y quién está pagando la canallada financiera de las grandes entidades y bancos? ¿Y quién le paga esos contratos y sueldos inmorales a tanto futbolista? ¿Y quién paga las bombas que matan a miles de inocentes?
Pero soy consciente de que en esto del arte, sobre todo concebido como intercambio comercial y feria de vanidades, también se están cometiendo muchas barbaridades.
Por cierto, no me gusta el término contribuyente, suena muy economicista.